En la habitación de aquel hotel

donde ella le esperaba,

con la luz tenue

como él le dijo,

para no dejarse ver,

no sólo por su timidez

sino por la cita egoísta.

Iba anunciándole su llegada

con sus mensajes al teléfono.

Llegó.

Ella le intuía, le sentía,

le besó, la besó.

A él le gustaron sus besos.

La poseyó y le dijo que

tenía que dormir.

Sin más ella se fue.

Sabía muy bien porque fue

Y sintió pena de él y de su esposa.

Ella no engañaba a nadie,

Sólo a sí misma.

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