Amanda llevaba días sin dormir, no podía dejar de pensar. Sus pensamientos no eran buenos, le habían hecho daño y no lo soportaba porque no lo entendía.

Se fue a dormir y como siempre no lo conseguía, así que decidió tomar unas pastillas, pero tomó demasiadas.

A la mañana siguiente su madre al ver que no se levantaba entró a su habitación.

La encontró muy dormida y el bote de pastillas en la mesita vacío.

Llamó a su otra hija y avisaron al médico.

Llegó el médico y la examinó. Amanda se vio a sí misma tumbada en la cama. Ella estaba en lo alto de la habitación en una esquina, observando al médico, a su madre y a su hermana.

No acababa de entenderlo y al ver la escena: el médico meneando la cabeza y su madre y su hermana llorando quiso decirles que estaba bien, pero no podía, no la oían ni la veían y se dio cuenta de lo que había pasado.

¡Estaba muerta!

No había podido soportar la separación de la persona que amaba.

Él se había marchado fuera a estudiar, porque su familia no quería que estuvieran juntos.

Desde lo alto de su habitación vio que se había equivocado ahora sufría su familia y ella no iba a recuperarlo.

Sabía que tendría que volver a encontrarse con él en otra vida. Tendría que terminar lo que en esta vida no hizo… recuperarlo o perderlo pero luchando y aceptando. Tal vez las cosas siempre pasan por algo.

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