Se había convertido en “nada”.

Su mente no conseguía tener imaginación.

Su cuerpo había perdido el deseo.

Su corazón ya no sabía que era el amor.

¿En qué se había convertido? En “nada”.

Nada sentía, a nadie quería, nada le hacía feliz…

Ella creía que se quería a sí misma, pero no creer en nada, ni querer nada o a nadie era no quererse a sí misma.

El tiempo pasaba y se malgastaba.

La vida pasa muy deprisa y sentir amor es necesario.

El amor te libera. Amor por los demás, por ti misma, por la vida, por todo lo que te rodea.

Un día decidió que debía cambiar. Se dio cuenta que tenía que hacer las cosas que le gustaban, las que le hacían feliz… tenía que salir de la “nada”.

Y como dijo André Maurois “¿Qué hace falta para ser feliz? Un cielo azul encima de nuestras cabezas, un vientecillo tibio, la paz del espíritu”.

 

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