Al atardecer cuando las nubes se tornan rojizas y el Sol en el ocaso se despide, mi mente vuela hacia las nubes y viaja lejos y llega a los recuerdos.

Esos días pasados que quedan grabados más que en la mente en el corazón.

Se reviven instantes especiales impregnados de bonitas imágenes, de colores, de sabores…

Te das cuenta de lo que significó cuando lo recuerdas de nuevo, porque sigue siendo tan fuerte como cuando sucedió.

Recuerdo de un tiempo pasado que fue, pero que ya se ha ido y no volverá.

Como en las rimas de Gustavo Adolfo Bécquer aquellas oscuras golondrinas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres…ésas… ¡no volverán!

atardecer

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