Había elegido quererle a pesar de todo.

Cada noche era como un ritual, se despojaba de su ropa, se metía en la cama y se dormía pensando en él.

En la oscura noche llegaban sus recuerdos.

Eran recuerdos dulces, llenos de alegría y amor, pero se tornaban amargos porque no se iban a repetir.

Las sombras de la melancolía eran muy alargadas y la perseguían aún en sueños.

Él era todo lo que esperaba, sin darse cuenta se coló en su corazón y como llegó se fue, pero de su corazón no salió.

Lo había tenido todo y lo había perdido todo.

Su mente le gritaba y el miedo aparecía, entraba en conflicto entre lo que deseaba y lo que tenía.

Ella seguía soñando su vida con él.

Se equivocaba y lo sabía, no era feliz en esa situación que le atormentaba y había que salir de ella.

Pero siempre amanece después del momento más oscuro de la noche.

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