Se conocieron por medio de una red social. Él se llamaba Carlos y ella Cristina.

Todas las noches se conectaban y sus conversaciones siempre acababan subidas de tono, se atraían y el deseo les envolvía cuando hablaban.

Un día Carlos le propuso que se conocieran y ella acepto, pero él no quería un encuentro formal quería algo especial.

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Le dijo que le iba a proponer como quería que fuera su encuentro, ella fue todo oídos y aceptó.

Llegó el día que habían quedado, Cristina se vistió con una falda corta negra, unas medias negras, botas altas y una camisa blanca, pinto sus labios, se puso su perfume y se dispuso a comenzar el juego que Carlos le había propuesto.

Carlos salió de su casa deseoso de llegar a donde habían quedado, cogió el coche y se dirigió al cine.

Sí, habían quedado en un cine, pero no en la puerta si no dentro. Carlos le dijo que llegara a las 17 h en punto y que se sentará en la última fila, en el lado izquierdo. Era entresemana y en la sesión de la tarde sabía que no habría casi gente. Él llegaría 5 minutos después.

A la hora prevista Cristina llegó y se sentó dónde Carlos le había dicho, había muy poca gente cuatro o cinco personas. A los cinco minutos Carlos entró, la vió sentada donde le había dicho y se acercó hacia ella.

Se sentó a su lado, pero no le dijo nada, era como si fueran dos extraños. Así permanecieron unos minutos, ella no sabía muy bien qué hacer, pero no lo necesitaba. Carlos comenzó a rozar su mano y a ella le subió un escalofrío por todo el cuerpo, era la primera vez que la tocaba de verdad, aunque en sus encuentros por la pequeña pantalla habían sido como reales, habían sentido como si se tocasen de verdad a pesar de la distancia.

Él comenzó a acariciarla, toco sus cabellos suaves, luego sus labios y fue bajando, llegó a sus pechos y los acarició. Ella seguía inmóvil, pero con su deseo encendiéndose.

Fue bajando sus manos por sus muslos hasta llegar a la orilla de la falda, entonces metió su mano por debajo y fue subiendo. Sus piernas se iban abriendo solas, al sólo contacto de su dedos obedecían. Su respiración comenzó a agitarse. A pesar de que era la primera vez él sabía muy bien que le gustaba, siguió acariciándole por debajo de su falda…

Le apartó las bragas hacia un lado y comenzó a tocarle ahí dónde a ella más le gustaba, noto como su sexo ya estaba húmedo y sólo había comenzado, pero era tanto su deseo después de tanto tiempo viéndose por una pantalla pequeña que no podía controlar.

Ella fue a tocarle, pero él dijo – No, está tarde es sólo para ti. –

Él volvió a escalar hacía arriba y comenzó besando sus labios, apretando su boca con la suya, sintiendo su aliento, mordiendo sus labios. Sus manos tocaron sus pechos duros, desabrochó su camisa par poder sentirlos mejor, le bajo el sujetador y comenzó a lamer sus pezones. Recordó cuántas veces había soñado en descansar su cabeza sobre su pecho y ahora lo tenía entre sus manos y su boca, llenándolos de saliva.

Se puso delante de ella de rodillas y su boca fue bajando hacía su ombligo y sus manos seguían en su pecho. Le subió la falda y justo su sexo estaba a la altura de su cabeza, estaba tan húmedo que le fue muy fácil meter sus dedos, lo acariciaba despacio, pero ella estaba enloqueciendo de gusto y quería que le tocara con más fuerza…

Sacó sus dedos y fue su boca quien siguió, primero besó su sexo y luego lo mordisqueo. Ella cogió su cabeza para que no se apartara, él comenzó a chupar y morder fuerte y ella ya no podía resistir más a todas las caricias y llegó al climax.

Quedo exhausta. Él se sentó en el asiento de nuevo, cogió la mano de Cristina y la besó. Cuando ella recuperó el aliento le dijo – la siguiente cita la pongo yo –

Carlos se fue y a los 5 minutos se fue ella.

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