Voy a esculpir en palabras lo que él esculpió con sus manos.

Al igual que el viento esculpe las rocas con su roce y el mar cuando rompe sus aguas embravecidas sobre ellas, él esculpía una figura sobre la piedra.

La pieza representaba la belleza absoluta, no necesitaba de ningún modelo.

Con los ojos cerrados podía ir confeccionando la escultura. Sabía la proporción de las formas al detalle.

Quería mostrar la armonía, la perfección de su cuerpo. Un cuerpo que conocía muy bien y que a pesar del tiempo nunca olvidó.

Quería mostrar su serenidad, su sensualidad, sus sentimientos en la piedra que la iba a representar.

Con paciencia y sutileza iba esculpiendo la figura:

Su cabello rizado, largo, suave…

Sus labios perfectos, dulces como el néctar, suaves como la seda…

Sus senos enhiestos cuando los acariciaba…

Sus curvas cuando se deslizaban sus manos por ellas, recorriendo cada rincón y sintiendo como su piel se erizaba al contacto de sus manos…

Toda ella era pasión, sensualidad, deseo, ternura… nunca pudo olvidarla.

Y con el paso del tiempo quiso recrear todo lo que amó, lo que sintió…en esa escultura que quedará por siempre, para que cuando la miren no sólo vean una imagen si no que sientan lo que él sintió por ella.

escultor

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