Llovía y refrescaba a pesar de que era verano.

Ella estaba en casa, pero empezó a sentirse mal, aparentemente no había ningún motivo, pero le estaba visitando la ansiedad, la había padecido durante seis meses y aunque hacia un año que había salido de ella siempre la estaba acechando.

Cualquier cosa que le preocupase, ella acudía como a una cita, podía dominarla pero no le gustaba abrirle la puerta cuando llamaba.

Llevaba unos días que la sentía cerca, intentaba superarla pero habían momentos que no la dejaba respirar, no quería que la dominara, así que cuando le asaltaba se iba a la calle a respirar, a que el aire refrescara su rostro e intentaba encontrar el motivo de su desazón.

Intentaba entender cuál era la razón de su angustia y de su tristeza que le acompañaba muchas veces, no tenía motivos lo suficientemente fuertes para sentirse así, como los tuvo cuando la padeció, siempre supo superarse a sí misma, era una mujer fuerte, pero fueron muchos los acontecimientos que le ganaron esa batalla y que nunca pensó perder. Sola tuvo que afrontar demasiadas cosas, pero al final lo superó y quienes intentaron hacerle daño pagaron.

Salió a la calle sin rumbo, llovía pero eso le gustaba, comenzó a caminar, pero dónde ir, así que en la primera cafetería que vio entró, se pidió un café y sacó un libro para leer, pero no podía, cogió el teléfono y lo miró no sabía si llamarlo, así que le envío un mensaje y después sacó de su bolso un papel y un bolígrafo y comenzó a escribir.

Tenía algún que otro motivo de preocupación, en el trabajo tenía que tomar una decisión que pensaba la tenía clara, pero conforme se acerca el día le entraban dudas, el otro era el amor, ese amor que duele tanto pero que lo deseas.

Se había enamorado de alguien que cuando lo conoció se encontraba solo como ella. Ella fue abriendo la puerta de su corazón muy poco a poco y él se fue colando dentro sin casi darse cuenta y se empezaron a querer, pero solo fue una ilusión, él se dio cuenta de que no podía ser, fue todo tan rápido, se dejaron llevar pero la realidad era otra. Tal vez él nunca llegó a enamorarse, pero ella sí.

No dejaba de pensar en él, aún sabiendo que no la quería. Solían hablar todos los días, ya no sabía si eso sería bueno para ella, tal vez era una equivocación, pero le reconfortaba cuando él llamaba y oía su voz.

Él hablaba con ella sin escapársele una sola palabra diferente a lo que pueden hablar dos amigos, en cambio ella aún le decía alguna vez que le quería, eso a él le ponía triste, ella lo sabía, pero había momentos que necesita decir esas dos palabras “te quiero”. Él le decía que si eso le ayudaba no importaba, podía decírselo, pero que tenía que intentar olvidar y que él estaría a su lado para ayudarla.

Sería bonito acabar esta historia diciendo que al final se amaron, pero la realidad siempre es otra, el acabará dejando de hablarle y ella seguirá queriéndole, paseando por las calles grises cayendo la lluvia, sintiendo frío y recordándole en un bar con gente extraña, intentando mitigar su pena, escribiendo su historia.Llovía

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