Un día de agosto llegó a nuestra casa un gatito que era tan guapo y tan pequeño que no supimos si era macho o hembra.

Tenía los ojos de color violeta y era tan guap@ que le pusimos de nombre Violeta.

Pero no era hembra, el veterinario nos saco de dudas, era un macho.

Así que le cambiamos el nombre de Violeta por el de Hércules, sus ojos también cambiaron de color ahora eran verdes.

Hizo honor a su nombre hasta el final. Igual venía a que le acariciase, que venía a morderme.

Nos ha alegrado la vida durante trece años, nos ha hecho compañía, nos ha querido, ha tufado a quien no le gustaba, pero siempre salía a recibir a todo el que llegaba a casa.

Y ayer nos dejo….y nos dejó un vacio inmenso. Ahora ya no se escucha su cascabel, ni su maullido pidiendo comida, ni su ronroneo cuando lo acariciabas.

Hoy no ha venido a despertarme porque quiere comer, ni está a mi lado cuando hago la comida, ni viene a mi cama a dormir….

¡Se nota tanto su ausencia!

Siempre estará con nosotros, en nuestros recuerdos, en nuestra memoria y en nuestro corazón.

¡Adiós Hércules!

Hércules2

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