Cuando me separé me encontré que no tenía con quién salir. Mis amigas están todas casadas o con novios. Así que dije -menudo panorama a ver qué hago yo ahora-, la verdad que ya a estas alturas de mi vida no me gustan las obligaciones y menos con amigas que se enfadan porque no las llamas o no quedas o no quieres ir donde quieren ir ellas, así que casi mejor por libre.

Bueno pues me dije –algo tendré que hacer-. Me dijo un amigo que chateara en alguno de los muchos chat que hay, así que de vez en cuando entraba y hablaba con alguno, pero casi siempre eran de muy lejos. Una tarde, me puse a hablar y coincidí con un hombre que resultó ser de mi misma ciudad. Me dijo si tenía que hacer algo esa tarde, le contesté que no y me propuso quedar, como estaba aburrida le dije que sí.

Luego pensé que no sabía si había hecho bien, no sabía con qué me iba a encontrar, pero bueno ya había dicho sí, así que me vestí y me fui donde habíamos quedado.

Yo suelo ser puntual, a la hora que quedamos allí estaba yo. Me puse a mirar por los alrededores a ver que veía. Vi a un hombre que estaba con el teléfono en la mano y llamando a alguien y me dije –María José que no sea ese-, como estaba hablando por teléfono pensé que habría quedado con otra persona, así que respiré aliviada, pero no veía a nadie que pudiera ser el candidato.

Al poco rato el del teléfono entró al centro comercial. Yo estaba en la misma puerta, él entró y yo seguí en el mismo sitio, de repente suena mi móvil lo cojo, me doy la vuelta y cuál es mi sorpresa ¡era él!. Mi cara es muy expresiva y siempre me traiciona, así que al acercarme lo primero que me dijo fue –veo que no te gusto, si quieres nos vamos-, joder tampoco era para tanto, le dije –tranquilo, podemos tomarnos algo no hace falta que nos vayamos pero bueno lo que tú quieras-. –Está bien– me dijo con cara de pocos amigos. Yo me decía –María José pon buena cara no seas mala-.

Entramos en una cafetería y nos pedimos unas cervezas, empezamos a hablar y empezó el interrogatorio. Me preguntó –¿por qué no te gusto?-, le dije –vas “muy repretao”, es decir, la camisa toda ceñida, (¡joder! pensé ya he vuelto a meter la pata, por qué he de ser tan sincera) él decía –pues a mí me gusta ir así-,  le dije –a mí me parece muy bien si a ti te gusta a mi también-. -¿Bueno y qué más no te gusta?– me siguió preguntando, –pues no me gusta todo el oro que llevas– (llevaba un cordón, una pulsera, un reloj y dos anillos todo de oro) me dijo –pues no eres la primera que me lo dice, voy a tener que venderlo todo-, (no me extraña) pero le dije –no, no por Dios no hagas eso, tú ponte lo que te guste- y cada vez me hacia más amiga de él, me hubiera matado si hubiera podido.

Me dijo que era médico forense y mi cabeza empezó a volar, pensé todo el día rodeado de muertos qué horror y luego sus manos si me tocan a mí, ¡madre mía! no quiero pensar (aunque ahora pienso en los del CSI y la verdad me dejaría tocar por alguno de ellos). Luego siguió diciéndome que vaya cómo me metía con él, yo le dije que se metiera conmigo si le hacia ilusión, que a mi no me importaba, así que cada vez metía más la pata, decidió meterse conmigo, me dijo que no le gustaba mi nombre, porque vaya con las casualidades, su ex se llamaba también María José, pero claro viviendo en Valencia como nos vamos a llamar pues María José es el nombre estrella. Luego me dijo que como iba vestida de negro pues que parecía una bruja y le dije –pues puede ser, es que me gusta mucho lo esotérico– y todavía le hacía enfadar más. Yo no me enfadaba. Comenzó a contarme que tenía mucho éxito con las mujeres, que compraba y vendía coches antiguos y yo me decía –jolín debe de tener mucho dinero podría gustarme-, joder -¡qué exigente que eres– me decía a mí misma.

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Bueno, empezó a preguntarme cómo me gustaban los hombres, le dije que gustarme, gustarme me gustaban morenos de ojos verdes, inteligentes y divertidos, creo que me volví a  pasar, y quise arreglarlo, le dije –pero yo me casé con un rubio de ojos marrones, así que eso da igual una cosa es lo que te gusta y luego otra es la realidad-, entonces me dijo –a ver dime de los que pasan quién te gusta– y empezó a señalarme a todos los que pasaban y  no me gustaba ninguno, con la gente que había y ninguno me parecía bien y él seguía intrigado por saber qué era lo que yo quería. -¡Pero si yo no quería nada!-, bueno, si quería, necesitaba que saltara la chispa, pero se ve que no había bastante electricidad entre los dos.

Nos pedimos otra cerveza para poder pasar mejor el mal trago, yo intentaba quitar hierro al asunto pero él cada vez estaba más enfadado. Se ve que no le habían dado calabazas nunca y claro se mosqueó conmigo. Él pensaba -está bruja que se habrá creído que es mis España o qué –(digo yo que pensaría eso, porque no le pregunté, pero claro no hacia falta) total que como no llegábamos a ningún acuerdo decidimos irnos. Una vez en la calle me dijo que no me había quitado el abrigo y que seguramente no la había hecho para que no viera algún defecto, así que le dije –que no había ningún problema, yo me quito el abrigo y lo que tú quieras-, así que me quite el abrigo y me di una vuelta para que me viera bien, así que me dijo –si, si,  pero vas de negro y el negro lo disimula todo– y le dije –pues, chico no se qué crees que quiero disimular mido 160 y peso 56 kilos, aquí esta todo lo que hay-, no conseguía mosquearme y eso le jodía mogollón y yo que me enfado porque pasa una mosca, pero ese día, pues mira que no me enfadaba, así que lo mejor era decirse adiós.

Y cuando me iba me dice –bueno como tienes mi teléfono llámame podemos quedar otro día a tomar otra cerveza, si te apetece claro y cambias de opinión-, le dije –bien no te preocupes que lo haré-.

Ni que decir tiene que no lo hice, se enfado conmigo, le cabreé, pero en el fondo le gusté (no tengo abuela, eh?) y le hubiera encantado que le llamase pero no pude y la verdad que no estaba mal, vestido de otra forma y sin joyas seguro que ganaba, pero es que estas citas no son como las del cine, una pena, pero lo malo es que hice más citas a ciegas y la verdad es que no escarmenté.

Os diré un secreto -¡me gusta el riesgo!-.

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