Y otra vez, corazón, te han herido…

No pondré a Dios por testigo, pero nunca más, nadie traspasará mi corazón.

Pondré alambres de espinas, muros infranqueables y guardianes en la puerta.

Pero cómo negar al corazón que sienta, cómo decirle que no tiemble al roce de una mano, que no se aceleré por un beso, que no palpite con una mirada…

Le cuesta aprender que hay quien le quiere hacer daño. Le digo que aprenda a distinguir las mentiras, pero él no sabe qué es eso, porque nunca miente. Le digo que no confíe pero él es confiado, no aprende es obstinado y tenaz porque sigue creyendo en el amor.

Aún destrozado sigue sonriendo, sigue emocionándose por las cosas bellas que hay en la vida y siempre encuentra algún motivo para enternecerse y sentir amor.

Cuando no tenga miedo ni dudas podré amar.

Corazón

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