Estaba lloviendo y hacía frío, la lluvia era muy fina de esa que te cala hasta los mismísimos huesos, a Sandra se le había estropeado el coche y tenía que coger el autobús hasta llegar a su casa y para más INRI no llevaba paraguas.

Comenzó a caminar para ir en busca del autobús, seguía lloviendo, cruzó la calle y al llegar a la siguiente el semáforo estaba rojo, tuvo que esperar, a su lado se paró un hombre, sus miradas se cruzaron, él le dijo

-¿Hacia dónde vas?-

Ella le contestó

– A la parada del autobús-

– Yo también voy hacia allí, si quieres puedes cobijarte debajo de mi paraguas, es grande y cabemos los dos-

-Gracias- dijo Sandra y se acercó a él para taparse de la lluvia.

Fueron caminando hasta la parada, no tardó en llegar el autobús, iba al completo, pero paró. Subieron como pudieron y se fueron hacia dentro, haciéndose hueco entre la gente. Sus cuerpos estaban muy juntos y con el vaivén del autobús se acercaban cada vez más, él la miraba y ella le sonreía.

Ella era atractiva con el pelo negro y rizado, tenía los ojos verdes y una sonrisa preciosa, en uno de los frenazos del autobús, él la sujetó para que no cayese y sus cuerpos todavía se acercaron más.

Se acomodaron como buenamente pudieron de pie, al lado de una de las barras verticales para no caerse durante el trayecto. Estaban muy juntos, la cara de él se acercó y le dijo

-Me gusta el vaquero que llevas- le hacía un buen culo.
Ella, se puso de puntillas y le susurró al oído que hoy precisamente no se había puesto ropa interior.
Al escuchar eso, acercó su mano a sus pechos, para comprobarlo por el mismo. Como siempre, le gustaba creer lo que podía comprobar con sus propios sentidos.
Efectivamente iba sin ropa interior, al menos, sin sujetador, se notaba, claro que no lo llevaba pues nada más colocar su mano en uno de sus pechos, notó como se endureció el pezón de inmediato.
La otra mano la llevó a su culo y le dio un cachete cariñoso, para luego acercarla a su sexo, por encima del pantalón. Fue el momento que Sandra aprovechó para abrir un poco las piernas, lo justo que le permitían, ya que el autobús estaba atestado de gente.
Si los miró alguien, no se dieron ni cuenta…

El autobús paró y subió más gente, todavía se pegaron más. Entonces el aprovechó para meter su mano por debajo del suéter de ella, quería sentir su piel al contacto de su mano, buscó su pezón enhiesto y ella cerró sus ojos para sentir como su mano recorría sus senos.

Pasó su mano a la espalda y la acercó más si cabía hacia él. Ella notó como el sexo de él había aumentado de tamaño y pasó su mano sobre él.

A pesar de toda la gente que había se sentían solos en ese autobús que les había acercado tanto. Él la miró a los ojos, no hacía falta decir palabra, sus cuerpos lo decían todo, estaban excitados y rodeados de gente pero no podían parar.

Se estaba acercando la parada en la que ella se debía bajar….

 Antes de que ella se bajara, él introduje su mano por dentro de su pantalón y comprobó que su sexo estaba depilado y húmedo. Abrió todo lo que pudo las piernas para permitir que se adentrara más en el interior de su sexo.
Notó algo extraño. La miró, ella se sonrojó y se rió, porque él se dió cuenta de que no sólo iba sin ropa interior sino que llevaba algo.

Así que le preguntó

-¿qué es?- y le respondió

-Es un pañuelo, para que me lo quite mi Amo-.
Acarició su sexo, le dió un pequeño pellizco a su clítoris, lo que provocó que casi le diera una patada a un señor que estaba justo detrás, pegado a la puerta. Hizo ademán de disculparse cuando de pronto notaron que se había dado cuenta de lo que estaban haciendo. Ella se giró hacia él, le besa en los labios y le susurra al oído -continúa… pero en tu casa.

El autobús

Se apearon del autobús, seguía la lluvia, ella le preguntó

 – Vives por aquí?-

-Sí, no muy lejos. Veo que eres una chica muy obediente, haces todo lo que te dice tu Amo.

-Desde luego- dijo ella.

-¿Y le vas a contar lo que hemos hecho en el autobús y lo que vamos a hacer ahora?

-eso te lo diré cuando terminemos, ¿te parece?-

-Desde luego. Estoy deseando llegar-, – ya no falta mucho-

En unos minutos llegaron a casa de Nacho. Él abrió la puerta y tomaron el ascensor. Dentro empezó a besarla y a meter su mano por debajo del suéter, la excitación aplacada volvió a aflorar a los dos. El ascensor se paró pero no se dieron cuenta continuaban besándose y tocándose. De pronto, se abrió la puerta era un chico de unos 20 años y al verlos se sorprendió, ellos se giraron al oír abrirse la puerta y el chico les dijo

-¿Os ayudo?-

Ellos sonrieron y salieron del ascensor.

Entraron en casa, tiraron al suelo todo lo que llevaban, el bolso, el paraguas, los abrigos…

Él la empujo hacia la pared y le dio la vuelta le hizo alzar los brazos  y separar las piernas y, recogió con una de sus manos su cabello. Comenzó a besarla por el cuello, le quitó el suéter y siguió besando su espalda…

Sandra acercó sus labios al oído de Nacho y le susurró que el pañuelo que llevaba metido en su sexo se lo quitara de donde está.

-Quiero sentir cómo me lo vas arrancando y ver cómo te lo guardas-.

A Nacho le satisfacía la sorpresa, de modo que se apresuró a recoger su regalo y, al acabar de retirarlo de su sexo, un grito ahogado se escapó de los labios de Sandra e inmediatamente la cogió por las nalgas y la llevó más hacia él, notaba cómo su cuerpo se estremecía.
Una vez el pañuelo en las manos de Nacho, se lo acercó a sus labios y a la nariz, aspiró el aroma de su sexo, lo besó mirándola fijamente a los ojos y lo guardó en su bolsillo.

Y Nacho le dijo

-Has sido muy obediente y has hecho todo lo que te ordené, así que hoy tendrás un bonito regalo-

-Gracias mi Amo me complace hacerte feliz y darte placer. Nunca me siento tan llena como cuando estás conmigo.

Nota: esto lo escribí con otra persona. Lo que está en rojo lo hice yo, lo que está en negro lo hizo la otra persona. (No quiero atribuirme todo el mérito si os parece bien y todo el fracaso si os parece mal).guiño

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