Celebrábamos que hacía un año nos habíamos conocido, nos fuimos a cenar a un restaurante.

Él había reservado una mesa y cuando llegamos el camarero nos condujo hasta ella, estaba apartada del resto.

Nos sirvieron la cena, mientras comíamos nos mirábamos, nuestros ojos se clavaban y estaban llenos de deseo, por debajo de la mesa mi pie descalzo acariciaba su pierna, él me miraba con  sorpresa y yo le sonreía, el mantel de la mesa era largo y nadie podía ver lo que estaba haciendo.

Mi pie seguía y su sexo comenzaba a hacerse duro y grande. Me cogió la mano por encima de la mesa y la acarició, llegó el camarero y nos dijo si queríamos postre, pedimos profiteroles con chocolate caliente, me gustan mucho y a él le encanta verme como me los como.

Yo seguía con mi pie entre sus piernas y me decía que era muy mala yo le decía que me gusta serlo.

Cuando terminamos pidió la cuenta, tenía prisa, quería salir de allí para poder relajar aquel bulto, quité mi pie mientras traían las vueltas, cuando llegó el camarero con el cambio nos levantamos y salimos en busca del coche.

Me pidió que condujera yo, que ahora le tocaba a él ser malo y hacerme sufrir, así que subimos al coche, yo llevaba un vestido de color blanco, a él le gustaba mucho ese vestido, me puse el cinturón y arranque el coche, mientras nos dirigíamos a su casa empezó a tocarme, pasó su mano por mi muslo estaba casi al descubierto, sólo lo cubría un trozo pequeño de vestido, ya que al sentarme se había subido.

Su mano se deslizaba sobre mi pierna y se iba adentrando, su otra mano subía hasta mi cuello me bajó el tirante del vestido y se acercó a besar mi hombro, mientras me besaba su mano iba bajando hasta mi pecho que se había puesto duro. Paré en un semáforo  y empezó a besarme en la boca su lengua buscaba la mía, estaba muy excitado y a mí me estaba poniendo igual, demasiado para tener que conducir y me dijo:

– Para voy a hacer realidad uno de tus deseos-

Bajamos del coche y cogió mi mano echo un vistazo alrededor y vio un patio que estaba abierto y nos metimos, entonces me dijo:

– No querías que lo hiciéramos en un ascensor, pues este es mi regalo –

Lo llamó y el ascensor acudió a nuestro encuentro, cuando llegó entramos, apretamos el botón del último piso y continuamos besándonos.

Me bajó los tirantes y dejó mi pecho al descubierto comenzó a lamer los pezones, luego a chuparlos se pusieron duros y luego los mordió muy suavemente. Continuó tocando mis piernas y yo comencé a desabrocharle la camisa, tuvimos que tocar de nuevo el botón del ascensor para que bajase, sus dedos empezaron a tocar mi sexo que estaba todo húmedo y yo seguía desabrochándole el pantalón, su sexo estaba duro muy duro, se lo acaricie por encima del bóxer, mis piernas se abrían a cada roce de sus dedos y el ascensor se paró de nuevo.

Volvimos a tocar al botón, me dio la vuelta y apoyé mis manos en la pared del ascensor me separó las piernas y me subió el vestido hasta la cintura se bajó el bóxer y su miembro duro empezó a rozar mi sexo, una de sus manos estaba en uno de mis pechos y la otra en mi sexo mojado y el suyo buscaba mi cueva para introducirse en ella y sus manos no dejaban de acariciarme.

Besaba mi cuello y mi espalda, sus movimientos cada vez eran más fuertes y el ascensor de las narices no hacía más que pararse, así que nos quedamos arriba sin darle al botón.

Me dio otra vez la vuelta y se arrodilló y comenzó a lamer mi sexo, sus manos las subía para acariciar mi pecho, su boca iba de mi sexo a mis pechos… Le dije que ahora quería comer yo, se puso de pie y yo me arrodillé, comencé a acariciar su pene, estaba muy duro y grande, empecé a chuparlo muy despacito, pasaba mi lengua de arriba abajo y se moría de gusto, ya no podía más, tocaba sus testículos, estaban a punto de explotar y su esencia iba a llenar mi boca, no paraba de gemir cada vez más fuerte hasta que llegó al climax, y mi boca se llenó.

Cuando se calmó un poco se arrodilló y empezó a comerme de nuevo, su lengua llegaba hasta el fondo, no paraba de chuparme y morderme, estaba fuera de mí, hasta que no pude más y todos mis jugos se los tragó, mis orgasmos son largos y me gusta que tenga su boca ahí.

De repente el ascensor empezó a bajar y nosotros no habíamos tocado el botón, así que tuvimos que vestirnos corriendo cuando llegamos abajo estábamos a medio vestir y un señor con su señora abrió la puerta del ascensor…se quedaron mirándonos y nosotros sonriendo les dimos las buenas noches, salimos besándonos, entramos al coche y seguimos hacia su casa, allí nos esperaba mi regalo.

El ascensor

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