Fernando por un cúmulo de circunstancias había pasado por momentos difíciles, su mente se había bloqueado y se sentía sumido en una depresión. Intentaba salir de ella pero no veía la luz. Era casado, su mujer trabajaba, es abogada y eso la tenía bastante ocupada, así que se sentía un poco solo.

Tenía una amiga con la que hablaba largas horas. Ella fue la que realmente le ayudó a ir saliendo de esa oscuridad en la que uno se sume cuando se encuentra en esas circunstancias.

Ella le decía que podía llamarle siempre que quisiera, no le importaba la hora, quería ayudarlo y arrancarle esos miedos, daba igual que fueran las 11 de la mañana que las 3 de la madrugada siempre la encontraba para escucharlo.

Un día quedaron para tomar café, ya lo habían hecho otras veces. Cuando llegó, ella ya estaba esperándolo, comenzaron a hablar y sin darse cuenta sus ojos se buscaron y se miraron de distinta forma a como acostumbraban. Él sentía cariño por ella y ella por él, tantas horas de charlas les había llevado a conocerse bien.

Ella le dijo -¿quieres que vayamos a mi casa, allí estaremos más tranquilos?-

-De acuerdo- dijo él.

Llegaron y sin más preámbulo empezaron a besarse, ella sabía que sería solo una vez pero no le importaba porque era algo más lo que le empujaba a hacer el amor con él, así que se dejo llevar por su pasión e hicieron el amor durante horas.

Cuando Fernando tuvo que irse se despidió y le dió las gracias por todo lo que le había ayudado y le había hecho sentir y nunca podría dejar de agradecérselo.

Fernando fue mejorando, pero la relación con su mujer no iba muy bien, así que de vez en cuando hacía alguna escapada con los amigos, necesitaba sentirse feliz, esas salidas acababan algunas veces en sitios de intercambios, de jacuzzis y demás…

También visitaba algún chat en sus horas libres y en uno de ellos conoció a una mujer, era casada, tenía un carácter fuerte y dominante, de hecho pegaba a su marido, pero eso al marido parecía gustarle, llegaron a conocerse y tenían encuentros muy lujuriosos.

Un día él estaba trabajando y ella le llamó por teléfono

-Estoy en el centro comercial o vienes o me tiro a un chico que está aquí que no deja de mirarme.-

Fernando obediente dejó el trabajo y fue a su encuentro. Era algo que no podía controlar, estaba enganchado a ella. Llegó al centro comercial y cuando la encontró, no sé acercó, sabía que le gustaban los juegos. Ella estaba mirando la lencería, cogió un tanga lo alzo con la mano y se lo mostró a él para que desde donde se encontraba le dijera si le gustaba, entonces él comenzó a acercarse

-me gusta –

Y ella le contestó -quiero que me lo veas puesto, así sabrás si te gusta de verdad-

Se dirigió a los probadores, él la siguió y se metieron juntos. El probador no era demasiado espacioso así que sus cuerpos estaban muy próximos.

El probador

Ella comenzó a desnudarse y él la miraba con ojos de deseo, se quitó el suéter y la falda y cuando se iba a quitar su tanga él no la dejó, fue él quien lentamente se lo quitó, después empezó a ponerle el que habían elegido. Le dijo que se mirase al espejo y se puso detrás de ella, la cogió por la espalda y la rodeó con sus brazos, su aliento caliente recorría su cuello, puso sus manos en sus pechos apretándoselos y después acariciándoselos por encima del sujetador, cuando notó que sus pezones se pusieron duros introdujo una de sus manos por dentro del sujetador y con  la otra intentaba quitárselo.

Su mano fue bajando por su vientre hasta llegar a su sexo por encima del tanga que se había probado. Comenzó a tocarla y sus piernas se abrían al sentir el placer que le producía, su mano apartó un poco el tanga para poder tocar su clítoris, ella se miraba en el espejo y eso le producía  más excitación, ver como la estaba tocando le gustaba y saber que podían oírlos más.

La cogió de los hombros y le dio la vuelta, la empujó sobre el espejo y se arrodilló, con una mano le tocaba el pecho turgente por la excitación, con la otra le quitaba el tanga y con su boca comenzó a besarla. Empezó en su ombligo y siguió bajando hasta su sexo todo mojado, ella le cogió la cabeza para que no la apartara, él no dejaba de beber su excitación e introducía su lengua para lograr su orgasmo, intento reprimir sus gemidos pero no podía, su excitación no la dejaba y así llegó al climax.

Él la beso y salió del probador. Ella se vistió y dejó el tanga en el probador, estaba mojado y olía a su sexo, salió y se fue.

Así hubo muchos encuentros.

Él sigue buscando su felicidad, la que no encuentra porque anda sumergido en su mundo. Un mundo que se ha creado de ilusiones en el país de Nunca Jamás y otro de placer para sobrevivir.

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