Era verano, hacía mucho calor. Patricia estaba en la terraza de una casa en Casablanca leyendo. Estaba pasando unos días con el hombre que siempre había soñado. Dejo el libro encima de la mesa, cerró los ojos y comenzó a recordar como había sucedido todo.

Se conocieron en una red social. Él no entraba demasiado, su tiempo no se lo permitía, pero un día mirando fotos vió la de ella, le llamó la atención y visitó su perfil no pudo menos que enviarle un mensaje:

-Me pareces una mujer bellísima, con muchísima clase, una autentica princesita encantada…-

Ella le dio las gracias. Dos semanas después le envió otro mensaje:

-Quería saludarte, eres súper preciosa, me fascinas, como te dije una autentica princesita. Me encantaría hablar contigo, siempre que te apetezca.

Siguieron enviándose mensaje e intentando coincidir. En uno de los mensajes le dijo:

-Mi bella y seductora princesita, fue una pena que anoche no pudiéramos coincidir, pero lo seguiré intentando, porque me fascinas.-

Ella le contestó:

-Parece que el destino está jugando al escondite-

Al final una noche coincidieron, estuvieron hablando varias horas y se dieron el teléfono. En sus largas conversaciones se iban conociendo. Su trabajo le obligaba a viajar muchísimo y a estar semanas fuera de España. Conforme lo conocía ella pensaba que no encajaba en el puzle. Pero él seguía fascinado por ella, por cómo era, como hablaba, como sentía y no quería oírle decir eso.

Él le dijo que quería ir a conocerla, pero para el día que quedaron le surgió un imprevisto y no pudo ser y además tenía que hacer un viaje de varias semanas. Ella lo asumió estaba acostumbrada a que las cosas no le fueran demasiado bien con los hombres.

En sus conversaciones telefónicas, que eran a diario y largas, le dijo que le gustaría llevarla a Casablanca, allí tenía una de sus empresas y viajaba con frecuencia. Y ese fue su primer viaje con él.

Sumida en sus recuerdos Patricia no oyó que alguien entró, era él. Se acercó a ella, la vio dormida tumbada tomando el sol, no podía dejar de mirarla, se acercó y la besó, ella abrió los ojos y le sonrió.

-¿Ya has vuelto?-

-Sí, mi amor, quería estar contigo-

-¿Ah sí? Pues eso va a tener premio-

Le cogió la cara entre sus manos lo acercó a ella y le besó. Le cogió la mano y lo llevó hasta la cocina.

-Te voy a preparar algo para comer, que seguro que estás hambriento.-

-No hace falta que lo hagas tú, sabes que pueden hacérnoslo.-

-Lo sé, pero yo quiero hacerlo para ti.

Comenzó a preparar algo para comer, ella sabía cocinar bien. Él se sentó y la observaba. Miró su cuerpo con esa camiseta minúscula y ajustada y esos pantalones cortos que le sentaban tan bien. Su cuerpo tostado por el sol, aún la hacían más atractiva.

No pudo contener su deseo y se levantó la cogió por detrás y la rodeo con sus brazos. La abrazó fuerte contra él, apartó sus cabellos y la besó en el cuello y en el hombro. Sus manos recorrían su cuerpo, metió una de ellas por debajo de la camiseta y ella se estremeció, le gustaba su tacto, nadie le había tocado como él.

Ella se giró y buscó su boca, se besaron tiernamente, ella mordía su labio despacito y luego su lengua buscaba la de él. A él le gustaba su sabor, siempre le decía que sabía a canela.

Su mano seguía recorriendo sus pechos, la otra acariciaba su espalda, volvió a darle la vuelta y puso de nuevo su espalda contra su pecho y su mano la metió por dentro del pantalón buscando su sexo, quería saber cuan húmedo estaba, le gustaba saber que la excitaba de igual modo que ella lo hacía con él.

La cogió y la sentó en la mesa de la cocina con las piernas colgando, la besaba en la boca, en el cuello, los hombros, sus manos la acariciaba, ella le quitó la camisa y él muy suavemente desnudó su pecho y le quitó los pantalones. Besó sus senos y lamio sus pezones. Pasó su lengua por su cuerpo humedeciéndolo por donde pasaba. Llegó hasta su sexo húmedo y lo lamio, tenía ese sabor entre salado y dulzón que a él tanto le gustaba. Degustando el sabor de su deseo, sentía su excitación y ello hacia que la suya creciera. Ella le acariciaba sus cabellos. Se apartó de su sexo y continuo acariciándolo con sus dedos, rozó los labios de su sexo cálido y húmedo muy poco a poco, quería que disfrutará de las sensaciones que le producía el roce de sus dedos que se iban humedeciendo al recorrerlo por dentro, que gozara de cada instante, de cómo se estremecía y como el placer cada vez era mayor.

Ella se incorporó y toco su sexo que había crecido con la excitación de ella. Lo acaricio, lo buscó con su boca y como ofrenda entre sus manos lo cogió y lo lamió, mientras sus gemidos eran de inmenso goce. Sus labios húmedos entran y salen cubriendo su sexo.

Y le dijo: -Quiero tenerte dentro de mí, que solo seas mío, que solo me desees a mí, quiero que llegues al orgasmo con mi imagen en tu retina, que no haya nadie más que yo, mi voz, mi piel y mi amor por ti.-

Mientras sus manos acariciaban sus cuerpos, sus embestidas breves, cortas y rápidas, con sus piernas entrelazadas a su espalda, les producía un inmenso placer, que culminó derramando su néctar en su interior sintiendo que eran uno solo.

Casablanca

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